16 abr. 2009

El amor por si solo no protege.

La periodista con algunos de sus lectores

Acuerdos de pareja – VIH/Sida 

Por: Aloyma Ravelo García. 

Esta cubana es Licenciada en Periodismo y Diplomada en Género Salud Sexual y Reproductiva, Universidad Academia, Santiago de Chile, 2001. Jefa de la Sección de Correspondencia de la Revista Mujeres. Es, o ha sido además: Guionista del programa radial "Francamente", de la emisora Radio Progreso, guionista del programa radial "¿Qué piensa usted?", de la emisora Radioarte, guionista del programa de TV "Cuando una mujer..."  de Cubavisión. Libros publicados: Del amor, hablemos francamente... Cien palabras de amor. En preparación: Adolescencia y Sexualidad. 

Gústenos o no, hoy en día el amor hay que condonizarlo. Es el precio que ha impuesto la pandemia del VIH/Sida. Los jóvenes de hace 20 años, hoy padres y madres de adolescentes, ven con perplejidad como los viruses sexuales se van apropiando de un terreno donde se hace imposible vivir la sexualidad desprotegida. 

Si bien es cierto que la reducción del número de parejas sexuales ayuda a disminuir el riesgo, no es suficiente si no se acompaña de una forma concreta y efectiva de protección.  “La única forma de tener completa seguridad de no adquirir el VIH/Sida es teniendo prácticas protegidas en el 100 por ciento de las veces, independientemente del tipo de pareja sexual (regular u ocasional), una sola relación sexual penetrativa de exposición podría ser suficiente para adquirir el virus. No es posible predecir el coito en el cual se puede hacer efectiva la transmisión, si en el primero, en el décimo, en el treintavo o en el cien.” Este sólido argumento es parte de una campaña de concientización sobre los peligros del VIH en estudiantes universitarios colombianos. 

Esta campaña estuvo precedida por un estudio profundo y de gran escala, el cual halló  inusual que las mujeres compren condones ni los lleven siempre con ellas, y esto señala las diferencias mediatizadas por los roles de género, elemento importante a tener en cuenta para los procesos de prevención. Resulta oportuno seguir desarrollando  programas dirigidos a las mujeres como sujeto con derechos sexuales, con la suficiente asertividad para vivir su sexualidad de forma protegida y la concientización del hombre como un ser capaz de valorar a la mujer positivamente por ser responsable y preventiva en su salud sexual.

Por lo general, las mujeres universitarias del estudio, prefieren dejar al hombre la responsabilidad de comprar condones, por aquello de que se sienten socialmente impedidas a develar su actividad coital. Que un hombre compre condón no es mal visto, pero lo es, si lo hace una mujer, razón por la cual, ella prefiera abandonar su derecho a protegerse para evitar la censura social, cuando realmente debe ejercer el derecho que tiene para vivir su sexualidad protegida y autónomamente. Si la mujer no compra el condón, por supuesto entonces se comprenderá la razón por la cual tampoco lo proporciona en sus relaciones sexuales.  Para el 70.8 por ciento  de las mujeres activas coitalmente, “siempre” o “casi siempre”, quien proporciona el condón es el hombre, mientras que en los hombres es lo contrario, el 76.2% de los hombres activos coitalmente proporcionan  el condón “siempre” o la “mayoría de las veces.” 

Si las muchachas estudiantes asumieran su derecho de negociar formas de protección en una relación  (como lo es el uso del condón) se reducirían las relaciones sexuales de exposición al VIH SIDA, las ITS, en general, e incluso los embarazos no deseados, inoportunos y no planeados. Por otra parte, más del 90 por ciento de las mujeres de la muestra, “nunca” lleva consigo condones, mientras que en los hombres este porcentaje es del 32 por ciento. Socialmente no está bien visto que la mujer lleve condones, esto sería suficiente criterio para catalogarla como una “mala mujer”, como una “fácil mujer” o como una “mujer libertina”. Es muy probable que, este 32 por ciento de hombres, no lleven consigo los condones, más por descuido que por temor a ser censurados o  mal evaluados.
 
Esta interesante investigación del Centro de Atención a Adolescentes, de Colombia, devela una de las tantas facetas de un problema que se advierte en cualquier país de América Latina y el Caribe, y mucho tiene  que ver con el autocuidado y la protección de las mujeres con relación a la epidemia.  Las mujeres tienen que seguir siendo objeto de una atención constante, para que algún día dejen de ser una población vulnerable, debido a sus condicionamientos genéricos que le impiden procesar una idea básica:  el amor por sí solo, no protege.

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