21 nov. 2010

VIH Sida - Guatemala - Situación actual.


La ignorancia agrava el impacto del VIH.

En los últimos cuatro años se han diagnosticado en Guatemala 10 mil nuevos casos de pacientes con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), lo cual evidencia que, lejos de retroceder, sigue siendo una amenaza latente para diversos grupos en riesgo.

Fuente: Prensa Libre.com
Guatemala -21/11/10 -
Artículo de: A. LUCÍA GONZÁLEZ Y CAROLINA GAMAZO

Si bien el VIH dejó de ser una enfermedad terminal, para convertirse en un mal crónico, la supervivencia depende de la administración puntual y correcta de los medicamentos antirretrovirales, los cuales han permitido aumentar la esperanza de vida de más de 11 mil personas que actualmente reciben tratamiento.

Una persona con VIH-sida es capaz de llevar una vida prácticamente normal con ciertos cuidados. Sin embargo, el retroceso se produce cuando no existe un abastecimiento eficiente de medicamentos de calidad y acceso a una atención integral y a programas de prevención, sin olvidar los estigmas sociales que aún persisten hacia estas personas.

El 1 de diciembre se conmemorará el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, motivo por el cual distintas instancias unen esfuerzos para mantener la atención y la ayuda financiera hacia este mal, el cual ha visto mermados sus fondos para investigación y subvención de fármacos, debido a la crisis económica y a la falsa impresión de que hay problemas más “urgentes”, cuando en realidad la amenaza sigue ahí.

Miles de casos
En 1984 se dio el primer caso registrado de VIH en Guatemala. María Teresa Gaytán, jefa del Departamento de Psicología del Hospital San Juan de Dios, refirió que ante el desconocimiento de la enfermedad, encerraban a los pacientes en un cuarto, y por miedo solamente les tiraban el plato de comida hasta dejarlos morir. Desde entonces, en el país se han registrado oficialmente 20 mil 591 casos, de acuerdo con estadísticas del infectólogo Eduardo Arathoon, quien se ha dedicado al estudio y atención de esta enfermedad por más 25 años.

Los más afectados han sido hombres, con el 62 por ciento, en tanto el 37 por ciento son mujeres.
No obstante los avances logrados, el síndrome sigue expandiéndose, atizado por la ignorancia, los prejuicios y el poco acceso a diagnósticos, sobre todo en la provincia. Los 10 mil 948 casos detectados en cuatro años prácticamente duplican los que contó el doctor Arathoon entre 1984 y el 2006. De hecho, el programa Onusida, con base en proyecciones de subregistro, calcula que la población de portadores de VIH es de 65 mil 705 personas, de las cuales 2 mil 930 son niños.

Hannia Cabrera, coordinadora de la Unidad de Promoción del Programa Nacional del Sida, indicó que en Guatemala la prevalencia de la enfermedad es de 0.49 por ciento, la cual se mide en mujeres embarazadas. “Es epidemia generalizada cuando supera el 1 por ciento”, explicó. Según datos de Onusida, la prevalencia del VIH aumenta a 0.78 por ciento en la población de 15 a 49 años, es decir sexualmente activa. Es precisamente por ello que se hace necesario educar a los jóvenes al respecto.

La más común forma de transmisión es por la vía sexual, con 94.4 por ciento; después la de madre a hijo, con 5 por ciento, y menos del 1 por ciento por vía sanguínea. El mayor subregistro de casos se da en la provincia, en donde el acceso a pruebas de VIH es limitado. “La información es sesgada, pues depende del acceso a los servicios de salud”, afirmó Arathoon.

Acceso a todos
Este año, bajo el lema “Acceso Universal”, el reto del Programa Nacional del Sida del Ministerio de Salud es mejorar los servicios de información y modificar comportamientos de riesgo. De esa cuenta, la primera fase de la estrategia consiste en garantizar el acceso a preservativos a la mayoría de la población, estrategia que es cuestionada por la Iglesia Católica, que opta por la vía de los valores, la abstinencia y la fidelidad matrimonial.

La segunda fase es facilitar las pruebas de VIH y, por último, el acceso universal al tratamiento con fármacos antirretrovirales. De acuerdo con cálculos de Onusida, el número pacientes que requieren el uso de estos medicamentos casi alcanza los 17 mil, es decir que hay seis mil que no tienen acceso a ellos. Según Enrique Zelaya, de Onusida, hay un tercio de la población con VIH que necesita el medicamento y no lo recibe”. Recibir o no los antirretrovirales es marcar la diferencia entre continuar con vida o morir.

Carlos Mejía, jefe de Infectología del Roosevelt, explica que hay estudios que demuestran que si el paciente toma correctamente la medicina, se puede llegar incluso a interrumpir la cadena de transmisión. “Puede ser un mecanismo para controlar la epidemia”, expuso. Lamentablemente el costo y disponibilidad de los mismos se convierte a menudo en una barrera.

Estigma social
Aunque hoy se dispone de más información, aún persisten el estigma y la exclusión sobre los pacientes con VIH, que son otra barrera que dificulta que busquen ayuda y sigan un tratamiento.
Mejía aseveró que ahora muchas personas son más sensibles al tema. Sin embargo, Arathoon señaló que en el mismo gremio médico el prejuicio se mantiene. “Hay profesionales que se rehúsan a tratar gente con VIH y discriminan a los colegas que lo hacen”, comentó. El rechazo aumenta en los grupos de homosexuales y transgénero, “pues no son precisamente la población más respetada”, dijo Mejía.

Más vale prevenir...
Si bien, a decir de Cabrera, el Programa Nacional del Sida dirige su esfuerzo hacia la prevención, los esfuerzos distan de ser los mejores, según infectólogos. Arathoon manifestó que las campañas no funcionan, ya que el 80 por ciento de pacientes que se acercan por primera vez ya tienen el sida desarrollado. “Llegan tardísimo porque no hay acceso a pruebas”, explicó. Mejía lo atribuye a la creencia de que la infección se da solo en grupos marginales —como prostitutas, homosexuales y drogadictos—, cuando en realidad el riesgo es latente para quien tiene varias parejas sexuales o tiene contacto con sangre contaminada.

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